El propio grano contiene el origen de la civilización. Simboliza el paso entre el nomadismo y las sociedades sedentarias. El grano siempre ha representado la certeza del desarrollo y la estabilidad. Con la introducción del dinero, las monedas sustituyeron al grano como moneda. El dinero es una construcción humana abstracta en la que depositamos nuestra confianza. Se ha convertido en nuestra fe contemporánea. Parece tener valor, pero puede derrumbarse en cualquier momento. La gente conecta con este instrumento «sagrado» que es incierto e inestable. «Grana» (en Italia). «Blé» (en Francia). «Pasta» (en España). Estos ejemplos de lenguaje popular perviven en distintos países y se refieren al dinero y su conexión con el grano. En Stigliano (Basilicata), el grano sigue siendo la base de la economía, aunque actualmente sea una de las regiones más pobres de Italia. Una consecuencia de ello es que las generaciones recientes no ven futuro en el pueblo, y abandonan su región y su tierra.
He representado una moneda inspirada en una de las primeras monedas del Imperio Romano, grabada con las dos caras del dios Jano. La cara que mira hacia delante lleva una máscara, la que mira hacia atrás está cegada por el apego a la máscara. Nos cegamos al no conectar con nuestro propio pasado, rechazando la tierra sagrada que nos había alimentado; mientras tanto, el futuro es una falsa construcción humana.